Las Promesas de Dios para la Mujer
Amadas Damas del Temple, vosotras que camináis entre los muros del silencio y la fe, revestidas no de oro ni púrpura mundana, sino del ornamento incorruptible del espíritu afable y apacible, hoy os recordamos una verdad eterna:
“La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.” – Proverbios 14:1
Vosotras sois aquellas que edifican, no con piedra ni cal, sino con oración, consuelo, visión y virtud. El Temple no sería luz sin vosotras.
Sin la mujer sabia, el guerrero se agota. Sin la mujer virtuosa, la casa se desmorona. Sin la mujer temerosa de Dios, la llama del altar se enfría.
En la Sagrada Orden, la mujer no es una sombra del varón, sino su coheredera en la gracia de la vida.
El Temple reconoce en la Dama una guía espiritual, una mística del silencio, una guerrera de lo invisible.
“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.” – Proverbios 31:10
Vosotras, como Sara, como Débora, como María, sois pilares del Reino.
Vuestra sujeción al varón no es esclavitud, sino sabiduría.
Porque sabéis que el amor verdadero no impone, sino que protege.
Y sabéis que la obediencia no es sumisión ciega, sino alianza santa en el propósito divino.
“Así mismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos… considerando vuestra conducta casta y respetuosa.” – 1 Pedro 3:1
La Dama Templaria no se adorna con exceso exterior, sino con joyas espirituales que solo los ojos celestiales ven.
Ella viste con dignidad, habla con sabiduría, y cuando calla, ora.
En la guerra espiritual, su papel es crucial.
Ella intercede por los suyos, vela por los templarios en batalla, sostiene a su familia con manos invisibles y defiende lo sagrado con un amor que no cede ante el mundo.
“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, ésa será alabada.” – Proverbios 31:30
Damas del Temple, el mundo quiere moldearlas a su imagen: vanidad, competencia, lujuria y orgullo.
Pero vosotras sois de otra casta, de otro Reino.
Fuisteis llamadas a ser reinas del Espíritu, madres del consuelo, profetisas del amor divino, sacerdotisas del hogar y compañeras del varón elegido por Dios.
DECLARACIÓN PARA LA DAMA DEL TEMPLE
Soy hija de Sara y de Débora.
No temo amenazas ni tinieblas.
Mi fuerza está en la oración,
mi honra en la virtud,
mi escudo es la fe,
y mi trono es el corazón de Dios.
Non nobis, Domine, non nobis, sed Nomini Tuo da gloriam.
- Que seas corona del justo.
- Que tus hechos sean alabados en las puertas.
- Que tu alma sea lámpara del Eterno.
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