miércoles, 29 de octubre de 2025

Ave María

El Ave María tiene raíces totalmente bíblicas:

1).La primera parte (“Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres”) proviene del saludo del Arcángel Gabriel a la Virgen (Lucas 1,28).

2).La segunda parte (“y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”) fue pronunciada por Santa Isabel, cuando María la visitó (Lucas 1,42).

3).La última parte (“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”) se añadió entre los siglos XIV y XV, y fue aprobada por la Iglesia en el Breviario Romano del año 1568 durante el pontificado de San Pío V.


El Ave María es al mismo tiempo alabanza y súplica:

- Es alabanza, porque repite las palabras con que el Cielo mismo saludó a María.

- Es súplica, porque pide su intercesión constante - ahora, en la vida, y al final, en la muerte.

La oración une el misterio de la Encarnación con el misterio de la salvación: el nombre de Jesús en el centro y María como Madre y puente entre Dios y la humanidad.
“Llena eres de gracia”: María es la plenitud de la gracia divina, el modelo de pureza y docilidad.
“El Señor es contigo”: Dios habita en Ella, y quien la invoca se acerca también a Él.
“Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”: el corazón de la oración es Cristo mismo.
“Ruega por nosotros, pecadores”: reconocemos nuestra fragilidad, pero también la ternura maternal que intercede por cada uno.

El hombre que ora el Ave María aprende humildad, serenidad y confianza.
Aprende humildad, porque reconoce que necesita ayuda.
Aprende serenidad, porque confía en la intercesión de una Madre.
Aprende confianza, porque pone su vida y su muerte en manos de Dios a través de Ella.
El “Dios te salve” no es rutina, es recuerdo: cada vez que lo digo, el cielo vuelve a hablar a la tierra, y María vuelve a responder con su “sí” eterno.




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