Salvo a su pueblo “Ester 4:16”
Ester (originalmente Hadasa) fue una valiente huérfana judía que se
convirtió en reina de Persia al casarse con el rey Asuero. Criada por su primo
Mardoqueo, arriesgó su vida al interceder ante el rey para salvar a su pueblo
de un decreto de aniquilación orquestado por Amán, liberando a los judíos y
originando la fiesta de Purim.
Detalles clave sobre la vida de Ester:
Identidad y trasfondo: Era judía de la tribu de Benjamín, huérfana, y fue
adoptada por su primo Mardoqueo en Susa, Persia.
Ascenso a reina: Fue seleccionada por el rey Asuero por su gran belleza y
virtud, reemplazando a la reina Vasti, siguiendo el consejo de Mardoqueo de
ocultar su origen judío inicialmente.
El plan de salvación: Cuando Amán conspiró para exterminar a todos los
judíos, Mardoqueo instó a Ester a intervenir. Ella demostró valentía con su
famosa frase: "Si perezco, que perezca".
Acción decisiva: Tras un ayuno de tres días por parte de ella y su pueblo,
Ester se presentó ante el rey (lo cual era arriesgado sin invitación) y, con
sabiduría, expuso la maldad de Amán y salvó a su pueblo.
Legado: El libro de Ester, en el Antiguo Testamento, narra cómo su fe,
providencia divina y valentía cambiaron la suerte de los judíos en el exilio.
La historia de Ester, contada en el Antiguo Testamento, narra cómo una
joven judía llegó a ser reina de Persia y salvó a su pueblo del exterminio. Todo
comenzó cuando el rey Asuero, en una gran fiesta, pidió a su esposa Vasti que
se presentara ante los invitados. Ella se negó y el rey, sintiéndose humillado,
decidió buscar una nueva reina.
Por todo el reino se organizó una búsqueda para encontrar a la joven más
hermosa para sustituir a Vasti. Ester, una joven judía huérfana criada por su
primo Mardoqueo, fue una de las seleccionadas. Ella ganó el favor de Hegai, el
encargado del harén, y recibió el mejor cuidado. Cuando llegó su turno de
presentarse ante el rey, Asuero quedó encantado con su belleza y la eligió como
nueva reina.
Siguiendo el consejo de Mardoqueo, Ester no reveló su origen judío. El
tiempo pasó, Mardoqueo descubrió un complot contra el rey y se lo informó a
través de Ester. Gracias a esto, los traidores fueron castigados y la historia
quedó registrada en las crónicas reales, aunque Mardoqueo no recibió ninguna
recompensa en ese momento.
Surgió entonces un nuevo problema: Amán, un hombre ambicioso de poder y
parte del gobierno, se enfureció porque Mardoqueo no se inclinó ante él. Al
saber que Mardoqueo era judío, Amán tramó un plan para exterminar a todos los
judíos del reino. Convenció al rey de firmar un decreto que autorizaba esa
matanza, sin saber que la reina Ester también era judía.
Cuando Mardoqueo se enteró del plan, se vistió de luto y pidió ayuda a
Ester. Ella dudó, porque no podía presentarse ante el rey sin que él la
llamara, pero Mardoqueo la animó diciéndole que tal vez fue puesta como reina
«para esta hora». Entonces, Ester decidió actuar, pero primero pidió a su
pueblo que ayunara durante tres días con ella.
Después del ayuno, Ester se presentó ante el rey y fue recibida con favor.
En lugar de pedir directamente por su pueblo, Ester invitó al rey y a Amán a
dos banquetes. Mientras tanto, Amán mandó a construir una horca para colgar a
Mardoqueo, aún molesto por su desobediencia.

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